Para “Violeta”, por Doris Reiss – Argentina

Publicado 17 agosto, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita


Personalmente, pero no individualmente, Soy una Enamorada del Mundo. En cada rincón siento florecer la maravilla, se trate del árbol, del gato al desplazarse, o del universo que habita los ojos de los seres que contacto.

Me Enamoro del Mundo observando, y por eso intento anclar en cada fotografía que tomo, un retacito de lo Sorprendente, porque lo dramático y lo insignificante encriptan la promesa del desarrollo, la transformación, la estética y el discurso poderoso.

“Violeta” habita el mismo mundo que el mío, nuestros territorios tienen apenas diferencias de nombres, colores y tonadas diversas del hablar. Ella vive en Colombia y, yo en la Argentina. Ella relata una verdad que no resuena con el Enamoramiento mío de cada día. A su verdad me acerco como a una historia errada, mal concebida por mil demonios del infierno.

Su testimonio me recuerda la pesadilla que vivimos en mi región La Argentina, cuando hordas de seres de las tinieblas practicaron la maldad, porque fuerza física, armas y siniestro espíritu de grupo de individualidades posibilitaron.

Los daños que padecen Las Violetas, Las Amarillas, Las Argentinas, y, todas las Flores afectadas de esta Tierra, no tienen CONSUELO. Son agujeros negros que horadan y bastardean la belleza y gloria de este Mundo. Son sombras ajenas e injustas que afean este Paraíso.

Quisiera que Las Flores, Todas del Mundo, que padecen los maleficios de estas fuerzas extrañas, pudiéramos comprender el por qué de la fealdad, de la violación, de la destrucción junto a tanto color, perfume, variedad y amor. . .

Mientras tanto, siempre hay un mientras tanto hasta que las causas caducan, las flores nos juntamos, porque en el desconsuelo, en las lágrimas que asoman por nuestros ojos, que balconean el alma, hay brillo, se refracta la luz. . . Hay luz, aún en la noche hay luz. . . por tanto, quizás todas las luces encandilen, abrasen con su calor, adquieran tal temperatura que disuelva este incomprensible manto del horror que acicatea al planeta.

El amor Es una poderosa senda de inocencia, pero no de ingenuidad.

Aunque, Mi amor no baste para sanar, puede sumar.

A través del cristal, por Catalina Uprimny Salazar

Publicado 10 agosto, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita

Últimamente he estado pensando en el impacto que los cristales tienen en nuestra vida cotidiana. Sí, los cristales. A través de ellos vemos clara y nítidamente objetos, situaciones, realidades y sin embargo, estamos alejados de ellos. Puede tratarse de una vitrina… de comida por ejemplo, y automáticamente me viene a la cabeza la imagen de un perro hambriento y desesperado viendo a través del vidrio de una carnicería, el salchichón de sus sueños. O de ropa, y entonces me veo a mi misma como aquel perro, mirando el vestido de mis sueños.

Pero también pienso en el papel que juega el cristal en las ventanas. En los carros cuando vamos por un lugar peligroso, subimos la ventana. Incluso, se ha vuelto una expresión común cuando alguien está escuchando conversaciones ajenas que alguien le grite “¡suba la ventana!”. Pero no hay ventanas más extrañas que las de los aviones. ¿Qué sería de un vuelo de varias horas, con el fuerte y frío viento en nuestra cara? Creo que entre el vértigo, el miedo y las gripas, las aerolíneas quebrarían. Y por otro lado, si los aviones no tuvieran ventanas, ¿quién soportaría ese movimiento continuo e incómodo del vuelo o no poder confirmar que en las nubes no hay pequeños ositos de colores mirándonos con telescopios en forma de corazón?

Y luego viene el ejemplo más obvio: la televisión. Somos capaces de ver todo a través de la “pantalla chica”. Cirugías a corazón abierto, enredadas historias románticas, niños magos, chorros de sangre brotando como fuentes de cabezas y brazos cortados por un héroe samurai o el noticiero. A través del cristal, pocas cosas impactan. Vemos el noticiero. Y entonces aparecen, fugases, con rostro, con lágrimas en sus ojos, las víctimas. Lo suficientemente veloces para no detallarlas demasiado, pero presentes para que sepamos de su existencia. Como las ventanas de los aviones, con doble cristal, pequeñas y necesarias. Iguales a las que vemos cuando pasamos a toda velocidad por las esquinas de los semáforos, con una cartulina sucia y mal escrita, pidiendo ayuda.

Sin embargo, toda mi teoría del cristal, que tenía perfectamente clara y delimitada, se me fue al piso con Violeta. Y es que claro, los computadores también tienen cristal en sus pantallas. Pero el cristal en este caso no llega a su máximo uso, por el desprendimiento natural que uno siente al trabajar en un computador. Esto se explica primero, por el hecho de que las palabras jamás tendrán el impacto que tienen las imágenes; y segundo, por el hecho de que, no nos digamos mentiras, ¡en Internet se encuentra mucha basura! Entonces, aunque el cristal de la pantalla nos puede ayudar a distinguir lo material de lo inmaterial (y no me atrevo a decir “lo real de lo irreal”), la poca capacidad de asombro que nos envuelve frente al computador, no corresponde exclusivamente a la pantalla.

Volvamos a Violeta. La encontré en Facebook, colgada en el wall de una amiga. Yo estaba desprendida de lo que veía, protegida además, por mi pantalla (mi papá me enseñó que “uno nunca está suficientemente seguro”). Y por curiosidad (ese sentimiento reinante cuando uno está en Facebook), sin saberlo, la dejé entrar. Sorprendida por la calidad de sus dibujos, la expresividad de la voz que narra la historia, la originalidad de la representación, el sonido transportador, la dejé entrar. Y me identifiqué con los pobladores indiferentes. Y me pareció conocer a los repartidores de justicia. Y de repente vi en tantos personajes públicos a “Gris”: hinchado, lento, hipócrita, sigiloso… Y entendí, antes de que terminara el corto, que el cristal ya no me estaba protegiendo. Que en Violeta se funden todas las caras que fugazmente veía en los noticieros, esas mismas caras que también me topo en las calles. También entendí que la manta que ella teje, que es la memoria de sus hijas y de su tragedia, también es la memoria de la tragedia de Colombia. Y que la mayoría vemos a través de un cristal. ¿Quién quiere dejar de dormir, cuando puede hacerse el de las gafas (gafa=cristal: quien inventó ese dicho, ¿compartiría mi teoría?)?

Y ni se hable del mensaje que nos deja sobre la forma en que las mujeres son víctimas de la guerra. Sobre eso ni siquiera tenemos mediana conciencia de estar en cajas de cristal. O sobre la realidad de la periferia, de esos “lugares lejanos” de nuestro país, donde la realidad es otra.

Violeta es un homenaje a las mujeres. Una reivindicación del arte como el más eficiente mecanismo de comunicación para describir lo indescriptible, con dignidad y delicadeza.

Gracias a Violeta, y a quienes hicieron posible su materialización. No una cifra más. No un rostro fugaz. Sino una realidad que atraviesa el cristal.

Violeta…una manera diferente de nombrar, por Isabel Ortiz

Publicado 3 agosto, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita

En Colombia y en otros países con situaciones de conflicto armado, existen un sin número de violaciones cotidianas a la población civil que lesionan sus vidas, afectan su dignidad de seres humanos y producen impactos sociales y emocionales difíciles de sanar y reparar. Y en ese contexto de violencia del conflicto, ocurre la violencia sexual a las mujeres, como acto denigrante hacia ellas en su condición femenina, pero también como acto para lesionar a los hombres y a las comunidades; es decir se viola y se ataca la intimidad de las mujeres ocasionando daño físico y emocional, a ellas pero a su vez esto se realiza para atropellar la honra de los hombres. Y de esta violencia muy poco se habla, reina el silencio, la vergüenza produce esa nefasta negación que hace creer que aquí no pasa eso, que aquí no se están violando a las mujeres.

Violeta quiso poner este tema de otra manera. Con dibujos animados, con personajes de colores y dibujos sencillos, el Centro de Derechos Humanos y Litigio Internacional, CEDHUL, ha producido un cortometraje que nos cuenta la historia real de una mujer colombiana, a quién le desaparecieron sus hijas y quién luego de años de lucha por descubrir la verdad de lo ocurrido, logra recuperar los restos y saber la historia verdadera. Sus hijas, las Amarillas en el cortometraje, además de desaparecerlas y matarlas fueron violadas por un grupo paramilitar. El cortometraje nos introduce en este doloroso tema invisible, y nos obliga a hablar de él. Expone una realidad existente, pero que se niega y sobre la que casi nadie quiere reflexionar.

El cortometraje VIOLETA, agudiza la sensibilidad, y nos produce algo que en Colombia está casi en vía de extinción, como es la indignación, pero también, promueve una actitud activa de lucha y organización para que la verdad, la justicia y la reparación sean derechos reconocidos. Con VIOLETA, diferentes públicos se adentran en este drama del conflicto armado, que lesiona la vida de miles de mujeres colombianas, y se nos permite sentir rabia, tristeza, indignación y algo más propositivo, que se luche por la verdad y la justicia. VIOLETA, ha sido producida por mujeres colombianas, muchas de ellas santandereanas, en una alianza de compromiso para que la historia de VIOLETA no se olvide y nunca más se vuelva a repetir. (Encuentre Violeta cortometraje en You Tube)

Violeta: La voz de los sin nombre, por Juan Felipe Aguilar

Publicado 27 julio, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita


La historia de Violeta, Los Lilas y Las Amarillas es la de muchos y muchas en Colombia, es la de los asesinados y desplazados de Trujillo, de Macayepo, de Mapirpán, y de tantos otros pueblos y lugares que significan violencia y sevicia, y en muchas ocasiones impunidad. ¿Cuántas víctimas ha dejado el conflicto en Colombia, ¿Cuántos desplazados? Las cifras son alarmantes, pero sólo son cifras frías que poco conmueven a la sociedad colombiana acostumbrada a la violencia, en donde los muertos de un día son rápidamente olvidados por los del día siguiente. El cortometraje de Violeta tiene la virtud de ponerle nombre a las cifras, de contar la historia de los que no tienen nombre, de presentar a las víctimas como personas reales, de carne y hueso, no como números. No fueron dos mujeres desaparecidas y otra más desplazada con sus nietos, fueron Las Amarillas, Violeta y Los Lilas.

Violeta les da voz a las víctimas, a esas de las que casi nunca tenemos noticias porque paradójicamente, en nuestro país conocemos a los victimarios pero no a las víctimas. Violeta nos presenta a las víctimas en una trágica fábula que al principio parece un cuento de niños, pero que poco a poco se transforma en un infierno dantesco de adultos. Sin embargo, como toda fábula, al final nos transmite una moraleja: la de actuar, la de no callar, aunque Los Sin Sombra intimiden y Los Grises funcionarios del Estado aconsejen, como lo hicieron con Violeta, que “dejara de buscar”. Por esto, Violeta también es un canto a la esperanza en medio de la tragedia, una valiente voz femenina que nos sacude del letargo y nos recuerda que la lucha por la reivindicación de los derechos no es fácil, incomoda a muchos y enfurece a otros, pero la resignación sólo complace a Los Sin Sombra. Por el contrario, la decidida movilización y persistente exigencia de respeto a los derechos por parte de toda una sociedad es la llave que abre la puerta, es en estos momentos en donde se pone a prueba el talante de una sociedad. En Colombia se rebosó la copa hace mucho tiempo y es momento de perder la paciencia, de tomarse a las víctimas en serio, de abandonar la utilización política que se les da, de dejar atrás mezquindades ideológicas que las categorizan en más o menos importantes, revictimizándolas, al considerar algunas como víctimas de “segunda”.

¿Cuántos años y cuántas vidas faltan para que los pobladores, otras madres, otras hijas y otros nietos, el Estado y la Justicia actúen? Este es el gran reto que nos plantea Violeta, marcar un punto de no retorno hacia la indiferencia, en donde los ciudadanos y la sociedad civil asuman el papel activo y transformados que les corresponde en un Estado Social de Derecho, en donde las autoridades públicas, tal como reza la Constitución, protejan a todas las personas en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades y en donde los repartidores de justicia aseguren la verdad, justicia y reparación, pues sólo así romperemos el círculo y garantizaremos la no repetición.

Resulta interesante recordar en estos momentos las palabras de José Saramago al referirse a nuestro país y su historia de violencia: “El primer paso es salir de la aparente apatía en que se encuentra. Moverse, conmoverse. El día que la tierra colombiana empiece a vomitar sus muertos, esto quizá pueda cambiar. No los vomitará materialmente, claro, sino en el sentido de que los muertos cuenten. Que vomiten sus muertos para que los vivos no hagan cuenta de que no está pasando nada”. Entonces, siguiendo con esta reflexión, debemos preguntarnos: ¿Hasta cuándo tendremos que indigestarnos con nuestros muertos? Estamos en mora, de como sociedad, hacer catarsis, de tomarnos la medicina, de hacer frente a la cruda realidad, por más repugnante que sea, y desintoxicarnos de décadas de violencia.

El sentimiento de Violeta, por Diana Guarnizo Peralta

Publicado 13 julio, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita


Martha Nussbaum escribió hace algunos años que “la literatura y la imaginación literaria son subversivas”. Según Nussbaum, la imaginación literaria nos permite desarrollar aptitudes morales esenciales para el desarrollo de un juicio justo. La novela, según ella, permite crear lazos de identificación y simpatía con el personaje. Nos ayuda a ponernos en la situación del otro y analizarla de una manera que las cifras o los clásicos análisis economicistas no logran hacer.
Violeta no es una obra literaria, es un video. Sin embargo, sigue siendo un medio narrativo (no escrito sino visual) que sirve a la reflexión moral. Su lenguaje simple, la limpieza de las imágenes, la sencillez de su historia, nos permite ver no solo el drama terrible y desgarrador desde la perspectiva de quien lo vive, sino que además, nos ayuda a identificarnos con el personaje de Violeta entendiendo así su dolor y angustia. Este es precisamente el valor que tiene. Violeta desarrolla nuestro sentimiento de simpatía hacia su situación, y muchas otras mujeres, que sufren la guerra paramilitar y guerrillera en Colombia. Un sentimiento generalmente olvidado por el lenguaje “ladrilludo” en el que nos movemos los abogados y que termina replicándose en los informes de derechos humanos o en las decisiones judiciales.
No me malinterpreten. No es que los informes de derechos humanos no hayan servido para ilustrar la situación de violencia que han sufrido las mujeres colombianas en la guerra. Reportes como el de Oxfam “Violencia Sexual en Colombia – Un arma de guerra” es un buen ejemplo de un trabajo serio en el tema. No es tampoco que las decisiones judiciales hayan servido para evidenciar la falta de protección estatal que sufren las mujeres víctimas, o que estas hayan sido totalmente insensibles a las circunstancias de género. La sentencia T-045 de 2010 por ejemplo, es una decisión judicial relevante que muestra la situación de desprotección estatal a la que están sometidas las mujeres víctimas del conflicto.
El tema es otro. Las cifras en las que generalmente se basan los informes dejan escapar el análisis de la historia particular. Las decisiones judiciales –centradas en el caso concreto- mantienen una narrativa plana que no ofrece información sobre la vivencia de los personajes y que por tanto no favorece el proceso de identificación y simpatía. En contraste, la literatura, el cine y en este caso el video permiten, por un lado, un análisis individual del sujeto mismo que se convierte en protagonista de su propia historia, y por el otro, una conexión especial entre el espectador y el personaje de manera que podemos comprender su realidad y generar así sentimientos de rechazo e indignación frente a la injusticia de su situación.
No pretendo con esto decir que el lenguaje de los informes de derechos humanos o las sentencias judiciales no tenga un valor en sí mismo. El análisis basado en cifras propio de los informes es clave para demostrar patrones de comportamiento que eventualmente pueden ayudar a demostrar la responsabilidad estatal. El lenguaje plano de las decisiones judiciales, por su parte, está relacionado con la idea de neutralidad propia del racionamiento judicial.
Creo sin embargo, que mucho podemos aprender de la experiencia pedagógica de Violeta. Los informes de derechos humanos, por ejemplo, podrían dar más valor a las historias personales como de hecho vienen haciéndolo ya varios informes a través de recuadros adicionales. Las decisiones judiciales por su parte, podrían dar más protagonismo a la víctima en el relato de los hechos. Esto podría ayudar también como una manera de reparación en sí misma para la víctima.
Con todo, Violeta sigue teniendo un carácter único y en cierta medida revolucionario. Con un mensaje corto pero contundente, Violeta no solo llega al corazón de los estudiantes, los que comparten la causa de los derechos humanos, o los aficionados al Facebook. También llega a los hacedores de políticas públicas, a los jueces y a todos aquellos en general que dediquen los siete minutos que dura verlo. En esto, Violeta le lleva una ventaja enorme a los lectores de informes y sentencias que generalmente no salen del reducido público legalista involucrado en el tema. Si en todos ellos Violeta pudiera dejar esa semillita de indignación e injusticia que produce su historia, entonces imagínese hasta donde podría llegar Violeta en la generación de consciencia sobre la injusticia e invisibilidad que viven las mujeres colombianas en medio de la guerra!.

***La convocatoria a escribir y reflexionar sobre Violeta y temas afines sigue abierta!!!

A Violeta, por Diego Julián Pedraza

Publicado 6 julio, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita


Querida Violeta: la memoria en muchas ocasiones necesita una ventana que le permita evitar la repetición de errores. Esto, según el sentido común, es su capacidad intrínseca, pero dada la realidad que viven las personas en Colombia, esta capacidad se ha perdido y no va más allá de reconocer un futuro cortoplacista y recordar un pasado a conveniencia. No sirve para recordar. Pero Violeta, no les culpes. Estas personas tienen su opinión a la deriva: se encuentran acorraladas por los medios masivos vendiendo fotos de paparazzi por un lado y telenovelas vacías por el otro, no tienen la capacidad de generar un criterio propio y situaciones como la tuya, tal cual tu colcha de retazos, no les deja dormir, les impide ser felices, mientras ser felices signifique olvidarse de los problemas y estar en casa en paz.

Aún hay otras Amarillas y Amarillos que están siendo violentados de maneras atroces; otros tíos y tías Naranjas que llevan el peso de una noticia de tal gravedad y muchas otras Violetas y Lilas: hay muchas historias como la tuya, lo triste, es que se queden en el olvido, que tales personas sean quienes deben compartir su dolor consigo mismas, porque a algunas ni familia les queda para sobrellevar juntos el peso de la guerra. Nuestro sentir se ha ido al punto de no sentir compasión o empatía cuando vemos estas situaciones. Como no conviene que sean vistas, es mejor dejarlas sometidas al silencio impune. Sin embargo, te has transformado en una luz que proyecta ese dolor, pero también esa esperanza en que tal grito polifónico (como los grillos) y multicolor (como tu familia) perdura en la memoria de quienes te escuchamos y vemos.

Eres suave, sencilla, concreta; pero también abrupta, a tu manera. Sin embargo, en esto radica tu riqueza, porque permite que las personas se acerquen a ti de manera amable, que conozcan tu dolor y fortalezcan su memoria, la memoria que Colombia está a punto de perder. Tus colores y contrastes van más allá de una experiencia audiovisual e impactan el corazón de quien los contempla.

Pero me surge una pregunta: ¿cómo estás en estos momentos? ¿Conoces acaso el impacto que has tenido sobre quienes te conocemos en la distancia? Son preguntas que debes hacerte querida Violeta. Y sé que quizá te reconforte saber que somos muchos los que aún, citando a una querida amiga nuestra, te recordamos, te tenemos presente, hasta en el más mínimo chirriar de los grillos porque eres el enlace multicolor a la realidad soterrada que vivimos en Colombia. Estas son unas gracias ampliadas. Sin embargo, si bien es razón para estar satisfechos con lo que se ha hecho hasta ahora, aún hay mucho por hacer.

Espero que no te sientas sola, pues ya te he hecho notar que somos algunos tantos quienes estamos pendientes de lo que sucede contigo; somos, por ahora, algunas quiénes nos preguntamos qué hacer para cambiar la situación, en lo poco que podemos hacer, pero que nos satisface hacerlo; y somos, algunos también, quienes aún queremos re – escuchar y recordar el susurro de tus palabras, al son del chirriar de estos animalitos.

De la domesticación del sentir o del arte de hacer sentir, por Laura Badillo Ramírez

Publicado 29 junio, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita

“Estas fotografías no son un argumento, son, sencillamente, una cruda exposición de hechos dirigida a los ojos” Virginia Woolf
“[Nosotros] – y este [nosotros] es todo aquel que nunca ha vivido nada semejante a lo padecido por ellos- no entendemos. No nos cabe pensarlo. En verdad, no podemos imaginar cómo fue aquello. No podemos imaginar lo espantosa, lo aterradora que es la guerra; y cómo se convierte en normalidad” Susan Sontag

Violeta surge como una salida a la forma de narrar y representar el horror en Colombia. Un horror que se muestra como espectáculo traducido generación tras generación en una domesticación del sentir y de los valores éticos frente al dolor de los y las demás. Este escrito está inspirado en dos grandes literatas que han ampliado la reflexión sobre la guerra pero especialmente la han movilizado hacia otros enfoques vitales para mirarme y representarme en el lugar en el que me encuentro. La primera autora es Virginia Woolf, con su texto “Las Tres Guineas”; y la segunda es Susan Sontag, que sin prever la secuencia de su lectura y como si fuera una inesperada coincidencia en “Ante el dolor de los demás” inicia su relato con Virginia Woolf. Así trazaron un derrotero que sin proponérmelo nutren esta reflexión sobre el Cortometraje, “Violeta, narraciones paralelas de mujeres en el marco del conflicto colombiano” .
Los titulares de la guerra en Colombia durante los años 80, 90 y posteriores (y aún con motivo de la Violencia en mayúscula como es conocida la época de 1946 a 1950) pulularon y se multiplicaron por años en periódicos, noticieros y revistas, siendo parte del panorama de la realidad que día tras día recibían un número muy significativo de colombianas y colombianos.
La exposición masiva a las “imágenes” audiovisuales, políticas, económicas y culturales de la guerra han generado un acostumbramiento con atrevimiento y con riesgo de equivocarme irremediablemente), cognitivo a la normalización de la violencia. Imágenes de masacres, asesinatos, magnicidios, y los collares bomba que estremecieron por la dramática representación de la realidad, poco a poco perdieron fuerza. La fuerza dramática de las imágenes y las fotografías que parecían mostrarnos lo que pasaba en Colombia no movilizaban la interpretación de los acontecimientos, sino que fueron apilándose en nuestra memoria como actos cotidianos.
Por otro lado, muchas imágenes fueron utilizadas para repudiar la guerra, otras para ganar amigos y enemigos (lo que acrecentaba la polarización), otras para informar sobre la descuartizamiento de cuerpos y de las fosas comunes, otras para informar de actos terroristas, y otras para representar la victoria de uno de los actores involucrados en el conflicto .
Ante este panorama, Violeta viene a romper la narrativa de la cotidianidad de la guerra, puesto que realiza una ruptura al acostumbramiento. Dicha evidencia se constata cada vez que se realiza una proyección del cortometraje, comentarios reiterados como: “Violeta no muestra lo mismo”, “A mí me tocó bastante” “pareciera como si esta historia fuera un cuento pero es la pura realidad”, hacen que esta historia contenga un matiz distinto y desemboque en diferentes acciones. Igualmente, Violeta genera otras reacciones como lágrimas y reacciones que no fueron previstas por ejemplo, testimonios de mujeres que han sido abusadas sexualmente y rompen su silencio.
Violeta transforma la realidad a partir de símbolos que nos llevan a la infancia, al cuento, para mostrarnos sutilmente una realidad dura y cruel como la que viven miles de mujeres y sus familias, que han vivido la desaparición, desplazamiento forzado, y la violencia sexual en sus múltiples manifestaciones.
Con Violeta se trata de no pasar la página, es una invitación a prestar más atención de lo que ocurre con la realidad de miles de colombianas y colombianos que han vivido en carne propia la guerra, es una interpelación a la indiferencia y al miedo. Y finalmente es una inyección a la memoria y a la importancia de escuchar y de dar voz a las mujeres, puesto que si Violeta no hubiera persistido en la búsqueda de sus hijas este instante no hubiera existido.