Voz, por Edgar Adrián Torres Sepúlveda


Ha sido ella quien me ha llamado. Ella que tiene voces, voces de tragedia, voces de tristeza, voces de amor, de una alegría lejana, de pesares, de horrores, de desaires, de protesta, de lucha, de resistencia, de reivindicación. Es Violeta quien llama, en miles de voces diferentes a la suya y tan iguales a la vez.

¿Qué dices Violeta? ¿Qué quieres de digamos?

No hay diferencia. Violeta no nos pedirá decir algo por ella. Ella lo dice todo y, al mismo tiempo, nos provoca desde adentro, hace que sepamos exactamente qué decir invocando pensamientos de toda clase que nos hacen sentir desde empatía hasta odio, viendo como grita ella ante el silencio que se le ha impuesto. Ese silencio tuyo que ha sido nuestro por décadas, que se ha apoderado de nuestras voces y voluntades y, contrario a ti, le hemos permitido hacerlo. Porque la mano que calla nunca es más fuerte que la voz que reclama, no si esa voz tiene detrás la fuerza que tiene tu voz.

Te observamos lejana a nosotros, pero muy cercana a la realidad, la tuya, la nuestra. Sintiendo esa tristeza tuya, acá muy dentro, ¿cómo puedes tú soportarla? Es eso lo que no nos deja dormir, ¿cierto? Esa tristeza tuya parece más fuerte que nosotros, pero aún así pudiste sobreponerte a ella.

¿Qué haces Violeta? ¿Qué quieres que hagamos?

Nada. Ella no ha querido que hagamos nada. Ella es testigo viva de tantas atrocidades, de los horrores que la guerra nos ha traído y aún así ella no quiere que hagamos nada. Nosotros mismos lo haremos, no porque ella nos lo pida, sino porque así lo queremos. Tus voces de una u otra forma despiertan dentro de nosotros y las tomamos y las hacemos nuestras. Tu voz es mi voz, tu sentir es mi sentir, aunque no pasara yo por tan crueles circunstancias. Es mi voz entonces la que me motiva, la que hace que desde este pequeño trozo de Colombia llamado Adrián la voz de la verdad, justicia y reparación suene incesante, fuerte y clara: no más violencias contra las mujeres, basta ya de vulneración y discriminación. Es así como esta mujer, este hombre, esta persona, yo mismo, al conocerte y saber de ti, se niega a ser actor o cómplice de tan viles actos. Desde ya soy tu voz, tu ser y tu sentir.

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