Ella, retrato forzado de un objetivo militar

Publicado 4 noviembre, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita

11 de Septiembre de 2001. Sandra se amarró los zapatos deportivos, se despidió de su mamá y trotó hasta la puerta. Abrió, se giró para lanzarle un beso, y cerró. A punto de girarse, Luis le tapó los ojos.
-¿Quién soy?
-Ay, Luis. Hola, ¿cómo va? ¿Listo para hacer ejercicio?
Luis asintió con la cabeza y caminaron unos metros antes de empezar a trotar.
Llegaron cerca del Estadio Anastasio Girardot. Algo comentó Luis sobre un partido y Sandra se puso las manos en las rodillas para descansar. Habían trotado ya bastante, habían hecho un buen ejercicio. Ahora, estiramientos. Luis miró a la base militar “El Pesebre”, que estaba cerca. Había escuchado ruidos. Le tocó el brazo a Sandra para que se percatara y ambos se sorprendieron cuando tres uniformados con la cara cubierta caminaron de frente hacia ellos.
-Caminen hacia allá –el militar señaló la cerca, les indicó que debían cruzarla. Los demás los miraban también, tenían sus armas. Sandra las miró. Luis la miró a ella y ambos fueron obligados a caminar hasta adentrarse en el silencio de la base.
-Ahora ustedes van a tener relaciones –los demás soltaron unas risitas macabras.
Sandra y Luis no entendieron la orden hasta que los militares los amenazaron con sus armas. Los cañones les daban directo en las sienes.
Los obligaron a desvestirse. El frío de la mañana les pegó en la piel por un segundo; era en realidad el miedo el que les ponía la piel de gallina.
-Traiga la cámara.
Uno de los militares salió corriendo, Sandra lo miró sin entender al principio. “Nos van tomar fotos”. No había escuchado bien lo que murmuraban. Luis tenía el terror plantado en su cara.
El militar que se había ido, volvió. Tomaron a Sandra por los brazos y piernas, la obligaron a ponerse de una forma, de otra. Sólo se oían las risas macabas y los sollozos de Luis. Flashes, una toma, otra toma.
Los militares obligaron a Luis a tocarse. Luis sólo sacudía la cabeza, negándose a los designios de los demonios frente a él. Uno de los ellos avanzó entonces y tumbó a Sandra sobre el suelo, le puso el fusil en la boca y luego entró con su miembro en ella, desgarrándola. Sandra vio sus ojos y en un acto de bravura, mientras el ruido de la cámara lo llenaba todo, le descubrió el rostro y dejó a la vista a su verdugo.
Nunca olvidaría esa cara. El militar se levantó, se arregló los pantalones y les ordenó que se vistieran. Los obligaron a andar de nuevo hacia afuera de la base y los amenazaron si contaban cualquier cosa. Allí, de pie en la calle, fuera de la base, entendieron que no podían quedarse callados.

Violencia y Miedo, ¡sin ficción!

La historia es uno de los tantos casos sobre el realismo poco mágico que viven cientos de mujeres víctimas de violencia sexual por parte de miembros de Fuerzas Armadas Colombianas y otros actores armados en Colombia.
Narración teniendo como base un Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. INFORME No. 82/08, PETICIÓN 477-05, SOLUCIÓN AMISTOSA, X Y FAMILIARES Vs COLOMBIA, 30 de octubre de 2008. A la fecha de la publicación del informe el caso continuaba impune, ningún militar había sido sancionado ni juzgados por los hechos cometidos. (Ver: http://www.cidh.org.oas)
La semana pasada se hizo público otro caso de una niña en Arauca que fue víctima de violencia sexual y posteriormente asesinada con sus dos hermanitos por parte de miembros de las fuerzas militares.Entonces, la pregunta de Violeta continúa ¿Cuántos años y cuántas vidas faltan para el Estado y la Justicia?, Actúen!!!

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Retratos: Estrella pinta su cuerpo

Publicado 5 octubre, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita

El frio: un factor ajeno, invisible, transformador, y en muchos casos también trasgresor, en especial para la población que ha salido desplazada de forma violenta de sus comunidades, de sus familias y de su cultura. Mujeres indígenas en Bogotá se ven obligadas a vestirse diferente, dejar atrás sus ritos, sus costumbres para protegerse de lo inmediato, el frío. Los colores diversos de sus trajes han sido desplazados por abrigos sin color. Algunas comunidades que solían pintarse partes del cuerpo con jagua  han tenido que dejarlo atrás, han tenido que cubrir sus piernas, sus brazos, para sobrevivir al frio.

La Jagua es un árbol  nativo de las Antillas, Centroamérica y Sudamérica hasta Paraguay, cuyo fruto se extrae el jugo que sirve de tinta para hacer los dibujos en el cuerpo. La permanencia de los dibujos es de un promedio de 8 a 15 días. Pintar figuras con jagua es una práctica cultural y ancestral que se encuentra en riesgo de extinción como efecto del desplazamiento forzado. Hoy, las comunidades lejos del rio, de los árboles y de la intensidad del sol de su región, han tenido que responder al afán por sobrevivir con nueva ropa, hábitos y, por lo tanto, alimentar el riesgo que extingue su cultura.

Hace un par de días, tuve la oportunidad de conocer a Estrella. Estrella pintó su cuerpo por primera vez, lejos del sol. La intensidad del sol se la arrebataron hace varios años a su familia cuando fueron desplazados por grupos armados. Estrella es una niña indígena de la comunidad Wounaan-Nonam, tiene 3 años de edad, nació en el Papayo, en el litoral del San Juan, en Chocó. Sin embargo, a pocos meses de su nacimiento su familia fue desplazada, motivo por el cual ha pasado la mayor parte de su vida en el frio bogotano. Estrella a su edad todavía no conoce el significado de los dibujos hechos con jagua por su madre. Sin embargo, existen grandes posibilidades de que con los años no lo entienda, en tanto la mayoría de los ritos de su comunidad están en riesgo.

La madre de Estrella tiene 24 años, habla español con dificultad, y para sobrevivir hace artesanías. Se enfrenta a un injusto dilema:  aprender español, lograr empoderamiento económico y social para conseguir otras fuentes de sustento; o proteger su cultura, su lengua y vivir en la pobreza extrema en Bogotá. Dicho dilema es el sacrificio de su propia cultura, pero sigilosamente está haciendo aceptado por mujeres y hombres indígenas, en tanto existen pocas medidas para proteger sus riquezas culturales y sus ritos. 

 Mientras Estrella crece en un ambiente indiferente a los ritos propios de las comunidades que viven cerca al Rio San Juan en Chocó, su rostro indígena sigue intacto. Estrella parece confundida, algunas personas le hablan español y otros, lengua nativa. Ella poco habla. Ella juega mientras una joven líder indígena trata de explicar la importancia de mantener los ritos y hábitos que se tenía en la comunidad cuando vivía cerca al Rio San Juan.

La pérdida de la cultura es una forma de violencia que camina invisible por el afán de sobrevivir de las poblaciones indígenas en Bogotá. A tal punto que algunos de ellos ni siquiera lo perciben. Por supuesto, la responsabilidad es del gobierno colombiano que no ha dispuesto medidas suficientes para el retorno. Más allá de señalar culpables, me pregunto qué medida, qué reparación le puede devolver a Estrella el derecho de vivir cerca de su sol, al rio, a los árboles y poder recuperar todos los colores, los trazos y los ritos de su comunidad. La respuesta parece un cubo de hielo, se derrite con indiferencia sin dejar rastro ni solución. Estrella tendrá que dejarse abrazar por el frio bogotano por más tiempo, mientras su familia hace un esfuerzo por darle el calor necesario para crecer como parte comunidad Wounaan-Nonam.

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Fotografías gracias a la organización Vía Plural[1]. 
[1] Vía Plural ha emprendido la tarea de hacer un esfuerzo en Bogotá por rescatar las prácticas culturales y empoderar a las mujeres. Las fotografías han sido tomadas en un evento realizado el 30 de septiembre de 2010, en el Museo del Oro, con el objetivo de mostrar, explicar y recuperar los trazos con jagua que se realiza la comunidad Wounaan-Nonam.  


Viviana Bohórquez Monsalve

MEMORIAS PROYECTADAS

Publicado 20 septiembre, 2010 por Violeta
Categorías: Violeta Cortometraje Animado


Muestra documental en el marco de la III Semana por la Memoria

Fecha: 29 de septiembre de 2010
Lugar: Biblioteca Luis Ángel Arango, Sala de Audiovisuales
Hora: 2:00 p.m. – 8:00 p.m.

Documentales Grupo Memoria Histórica – Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación
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Bojayá: la guerra sin límites (2010)
País: Colombia
Duración: 47 min.
2- 3pm.

La masacre de Bojayá (Chocó) es un hito en la larga cadena de violencia que han vivido y que siguen viviendo las comunidades negras e indígenas del Bajo y del Medio Atrato. Ocho años han pasado desde aquel 2 de mayo de 2002, cuando se partió en dos la vida de Bojayá. Este día murieron 79 personas de las cuales 48 eran menores de edad. Guerrilleros de las FARC lanzaron un cilindro bomba contra la iglesia de Bellavista (cabecera municipal de Bojayá), durante un enfrentamiento con paramilitares de las AUC. En el recorrido por la Nueva Bellavista y los asentamientos de estas comunidades ribereñas, se escuchan las voces de hombres y mujeres que exigen el cumplimiento de garantías para el ejercicio de sus derechos, a la vez que reivindican el valor de la resistencia a la violencia para dignificar la vida de sus futuras generaciones.

Producción: Jesús Durán y Dianne Rodríguez – Equipo de Comunicaciones, Diócesis de Quibdo
Presentación: Dianne Rodríguez

Nuevas voces
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Presentación Festival documental Montes de María (2010)
País: Colombia
Duración: 59 seg.
3pm

Este Festival reúne los trabajos realizados en el último año por la Escuela de Narradores y Narradoras de la Memoria, un proyecto en el cual participan adultos, mujeres, jóvenes, niños y niñas campesinos de los 10 municipios de Bolívar, Sucre y Cesar donde se desarrolla el proyecto de Comunicación, Memoria y Territorio del Colectivo de Comunicaciones de Montes de María Línea 21. Este Festival hace parte del convenio entre el Movimiento por la Paz (MPDL), la Corporación de Desarrollo Solidario (CDS), DeJusticia, la Universidad Pontificia Javeriana y la Campaña Anti-minas, con la financiación de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID).

Estos productos audiovisuales expresan las historias, sueños y anhelos de comunidades que han sido golpeadas por la violencia en los Montes de María y la Serranía del Perijá, departamento del Cesar.

Producción: Colectivo De Comunicaciones Montes de María Línea 21
Presenta: Soraya Bayuelo
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Herencia despojada (2010)
País: Colombia
Duración: 20 min.
3:00- 3:35 pm.

Este documental rinde un homenaje a aquellos líderes ausentes que participaron en la apertura del camino a Borrachera, vereda de Ovejas y Sucre, así como a la lucha por la finca Mula, en San Rafael, vereda de Ovejas. Busca resaltar el papel de la mujer y la mirada generacional de esta lucha incansable por el territorio. Si la realidad de las tierras campesinas es una herencia despojada, estas historias reflejan la resistencia en medio del conflicto armado.

Producción: Colectivo audiovisual de Ovejas.

Reconocer y registrar lo innombrable: falsos positivos, desaparición forzada, violencia sexual y secuestro
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Falsos positivos (2009)
País: Colombia
Duración: 53 min.
3:35- 4:35pm

Este documental presenta el viaje de un hombre y una mujer en busca de los cuerpos de sus desaparecidos. Un ex general, un reclutador y reconocidos representantes de la sociedad civil analizan este escándalo en el cual más de 1.600 personas inocentes han sido asesinadas por el ejército Colombiano, para ser presentados como resultados positivos en la interminable guerra contra la guerrilla de las FARC. Esta historia muestra los falsos positivos en todas sus trágicas dimensiones.
Dirección: Simone Bruno y Dado Carillo
Producción: Mediakite NY
Editor: Roberto di Tanna
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Violeta (2010)
País: Colombia
Duración: 7 min.
4: 35- 4:45pm.

Violeta narra la historia de una mujer campesina que busca durante varios años a sus dos hijas, conocidas en el pueblo como Las Amarillas, quienes fueron víctimas de desaparición forzada y violencia sexual por parte un grupo paramilitar en Colombia.

Este Cortometraje, producido por el Centro de Derechos Humanos y Litigio Internacional (CEDHUL) y con el apoyo del Fondo Global para las Mujeres (GFW), está dedicado a la memoria de Las Amarillas y a la lucha de las mujeres en la exigencia de sus derechos en medio del conflicto armado colombiano. Violeta es, además, el resultado de un proyecto de investigación que surge como una salida a la forma de narrar y representar el horror de la guerra en Colombia.

Investigación: Viviana Bohórquez Monsalve, Laura Badillo Ramírez.
Producción: Alejandro Riaño (animación), Alejandra Monsalve (puesta en escena), Paola Esteban (guión), Camila Peroni (voz)
Presenta: Viviana Bohórquez.
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Ellas (2010)
País: Colombia
Duración: 16 min.
4:45- 5: 10pm.

¿Qué pasa con las vidas de las mujeres en el conflicto colombiano? Cuatro mujeres cuentan sus historias y con ellas las historias de sus hijas, amigas y maridos. En su mente y en su cuerpo quedan las cicatrices de un conflicto armado que hace que la vida esté surcada por un inmenso miedo.

Dirección: Julián Arango Osorio
Producción: Juliana Fúquene Barreto, Gabriel Escobar Laverde (investigación), Corporación Volver a la gente (entidad productora)
Edición: Alejandro Chaparro
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Germinal (2008)
País: Colombia
Duración: 53 min.
5:10- 6: 15pm

Germinal relata tres historias marcadas por el secuestro: el relato de un agente antisecuestro enfrentado a su experiencia de cautiverio; la marcha de la No-violencia liderada por Guillermo Gaviria, gobernador de Antioquia; los familiares de soldados y policías. Un mapa crudo y desgarrador sobre las diferentes problemáticas sociales que aquejan la realidad en Colombia.
Dirección: Alejandro Chaparro
Producción: Producciones Rojo
Presenta: Efraín Tárriba

Periodismo bajo fuego
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Unwanted Witness/ Sin tregua (2008)
Países: Colombia, Suiza
Duración: 87 min.
6:15- 8pm.

Este documental sobre la vida de Hollman Morris es un retrato crudo e íntimo de las peripecias del reportero, que además puede ser leído como el de una generación que ha sido marcada por el miedo y la rebeldía. Morris dirige un programa de televisión, Contravía, que padece censuras económicas y horarias debido a los temas que trata. Las amenazas de muerte contra su vida y el dilema del exilio tensan la línea dramática de la producción, que termina agradeciendo la honestidad del personaje y del realizador permitiendo aproximarse a la densidad de un tiempo que, desgraciadamente, no termina.

Dirección: Juan José Lozano
Producción: Isabelle Gattiker, Intermezzo Films, CH Marc IRMER, Dolce Vita Films, FR.

Violeta: a pesar de todo, me permite soñar, por Alba Centeno

Publicado 14 septiembre, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita

Desde hace varios años, en razón de la visibilización de las graves violaciones de derechos humanos en Colombia y gracias al esfuerzo de las organizaciones sociales, se ha podido empezar a conocer el impacto de la violencia derivada del conflicto armado sobre las mujeres. Más allá de eso, las instituciones y la sociedad han empezado a ver cómo éste flagelo afecta a las mujeres y también cómo el hecho de ser mujeres se convirtió en un motivo para que miembros de grupos armados ilegales y algunos agentes del Estado las agredieran en su integridad afectando su dignidad, para anularlas o para atacar al enemigo.

Eso es lo que Violeta representa. Representa las mujeres viudas, las madres de desaparecidos, las abuelas que se convirtieron en madres, las mujeres desplazadas, las mujeres que buscan la verdad y que sufren al saber sobre abuso sexual y homicidio de sus hijas. De ‘Violetas’ estamos rodeados. ¿Por qué? Porque en mayor magnitud fueron quienes sobrevivieron a la violencia, porque los crímenes contra su dignidad han sido silenciados por una sociedad indolente e ignorante, por una cultura machista y estigmatizadora y por un Estado desconocedor de las dinámicas de la guerra y de la esencia del dolor de las víctimas. Violeta es María, Martha, Jessica, Ana, Camila; es el rostro de miles de mujeres víctimas de la violencia en Colombia.

Desde dos posiciones diferentes de trabajo -que a veces parecen opuestas-, una en la administración de justicia y la otra desde el gobierno, sé, aunque no lo crean, como ellas duelen, como conmueven y como quitan el aliento. Cuando se acercan con la esperanza de una respuesta, aquellos quienes trabajamos para ellas y a quienes este país aún nos duele- somos más bien pocos, no lo niego-, hacemos todo por darles auxilio y anhelamos que ese auxilio aporte en algo para transformar, para mejorar, para ayudarlas a alcanzar una ciudadanía y a vivir dignamente, en otras palabras, para que logren todo lo que merecen. Sufrimos con ellas, nos alegramos con ellas y aprendemos de ellas. Cuando uno habla con las Violetas de carne y hueso, ve como en todas es común su empuje, su capacidad de reponerse, su manta de recuerdos. Yo, siendo mujer y trabajando día a día con ellas, todavía me sorprendo de su capacidad de asumir las realidades y del sentimiento común de la esperanza de cambio.

Creo fehacientemente que no hay forma más conmovedora de conocer el dolor de las víctimas que a través de las mujeres, porque a través de ellas podemos ver cómo la guerra afecta a los niños, a los indígenas, a los afrodescendientes, incluso a otras mujeres, como las reclutadas por los grupos ilegales, abusadas, usadas y violentadas durante años. Los rostros de esta guerra son diversos, pero Violeta tiene la magia de conmovernos, de identificarnos con esa sociedad que no quiere ver la manta de recuerdos porque la entristece, de asociar los ‘Sin Sombra’ y los ‘Hombres Grises’ con quienes transitan por nuestras calles, hacen política o imparten justicia.

Creo que ya han pasado suficientes madres, hijos y nietos y también la sociedad ha empezado a despertarse a través de las organizaciones sociales, la academia y diversos movimientos políticos; y que el Estado ha empezado a esforzarse por esclarecer la verdad y por reparar a tantas como Violeta. Que falta: sí, mucho. Que no es suficiente: sí, probablemente. Que falta enfoque de género y reconocimiento a las mujeres: sí, y hay que exigirlo. Pero creo que es el principio de un sueño. Soy una optimista, no podría trabajar con y por las víctimas si no lo fuera, por eso creo que esta sociedad, con piezas como Violeta, va a comprender la magnitud de los hechos, se conmoverá y exigirá que éstos no se repitan; sueño con que los malos ‘Repartidores de Justicia’ y ‘Hombres Grises’, tal como los ‘Sin Sombra’ desaparecerán y los jueces justos y los mandatarios que piensen en las víctimas, surgirán de esos pueblos, valles y lugares de donde venían Violeta y sus hijas Las Amarillas.

Me permito soñar con que así será para que un día ‘Los Lilas’, que son el futuro de este país, sepan qué pasó con sus madres Las Amarillas, y Violeta con tranquilidad, dignidad, templanza y fortaleza pueda volver a sus campos, a departir con el ‘Tío Naranja’, tal como María, Martha, Jessica, Ana, Camila y otras miles de mujeres víctimas sueñan hacerlo algún día. Sueño con esto para que quienes nos conmovemos con Violeta luchemos para que su drama no vuelva a repetirse.

Voz, por Edgar Adrián Torres Sepúlveda

Publicado 7 septiembre, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita

Ha sido ella quien me ha llamado. Ella que tiene voces, voces de tragedia, voces de tristeza, voces de amor, de una alegría lejana, de pesares, de horrores, de desaires, de protesta, de lucha, de resistencia, de reivindicación. Es Violeta quien llama, en miles de voces diferentes a la suya y tan iguales a la vez.

¿Qué dices Violeta? ¿Qué quieres de digamos?

No hay diferencia. Violeta no nos pedirá decir algo por ella. Ella lo dice todo y, al mismo tiempo, nos provoca desde adentro, hace que sepamos exactamente qué decir invocando pensamientos de toda clase que nos hacen sentir desde empatía hasta odio, viendo como grita ella ante el silencio que se le ha impuesto. Ese silencio tuyo que ha sido nuestro por décadas, que se ha apoderado de nuestras voces y voluntades y, contrario a ti, le hemos permitido hacerlo. Porque la mano que calla nunca es más fuerte que la voz que reclama, no si esa voz tiene detrás la fuerza que tiene tu voz.

Te observamos lejana a nosotros, pero muy cercana a la realidad, la tuya, la nuestra. Sintiendo esa tristeza tuya, acá muy dentro, ¿cómo puedes tú soportarla? Es eso lo que no nos deja dormir, ¿cierto? Esa tristeza tuya parece más fuerte que nosotros, pero aún así pudiste sobreponerte a ella.

¿Qué haces Violeta? ¿Qué quieres que hagamos?

Nada. Ella no ha querido que hagamos nada. Ella es testigo viva de tantas atrocidades, de los horrores que la guerra nos ha traído y aún así ella no quiere que hagamos nada. Nosotros mismos lo haremos, no porque ella nos lo pida, sino porque así lo queremos. Tus voces de una u otra forma despiertan dentro de nosotros y las tomamos y las hacemos nuestras. Tu voz es mi voz, tu sentir es mi sentir, aunque no pasara yo por tan crueles circunstancias. Es mi voz entonces la que me motiva, la que hace que desde este pequeño trozo de Colombia llamado Adrián la voz de la verdad, justicia y reparación suene incesante, fuerte y clara: no más violencias contra las mujeres, basta ya de vulneración y discriminación. Es así como esta mujer, este hombre, esta persona, yo mismo, al conocerte y saber de ti, se niega a ser actor o cómplice de tan viles actos. Desde ya soy tu voz, tu ser y tu sentir.

La persistencia de Violeta: !nuevo llamado!

Publicado 31 agosto, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita


Interrumpimos esta semana para invitar a nuevos estudiantes, profesionales, activistas, escritores, desempleados, empleados obedientes, o simplemente habitantes del mundo A ESCRIBIR en el Blog de Violeta.

Violeta y el equipo de mujeres que impulsamos el blog queremos acabar con la indiferencia, romper con silencios que nos hacen cómplices de la violencia. Por eso, en primer lugar quiero instar a las personas que trabajan con derechos humanos a convertirse en activistas y participar con su propia voz, romper el trabajo cotidiano, de la labor de cada día, de la carta, del trámite, del caso, de leer el periódico y tan sólo indignarnos …y ESCRIBIR.

Recibimos escritos relacionados con el cortometraje o con temas afines como violencia sexual, justicia transicional y en general derechos humanos de las mujeres.

Viviana B. Monsalve & Paola Esteban son las editoras del Blog de Violeta. Viviana hace la labor política de invitar a sus amigas y amigos a escribir, les da ideas, motiva, da observaciones de fondo sobre el escrito. Claro, con el tiempo, para aquellos que se comprometieron pero no cumplieron, les escribe, y les recuerda (bueno, a veces los presiona). Mientras Paola se encarga del detalle, de los adjetivos, de la tilde, de la puntuación, de la coherencia del escrito. El resultado se ve todos los martes en el blog y por facebook.

¡Animo a escribir! Deberías ser la siguiente voz.

Tenemos persistencia y sobre todo lo que queremos es construir memoria, desde nuestras miradas y desde varias miradas. Decidimos releer algunos apartados de los escritos que hemos recibido como parte de un homenaje a quienes nos han ayudado a construir memoria y romper la indiferencia.

• Aún no tenemos en Colombia un museo de la memoria, pero sí tenemos arte de la memoria. Violeta es un cortometraje lleno de color y oscuridad, de miedo y esperanza, de pasado y de presente. Tomarse siete minutos para verlo, basta para inquietarnos sobre quiénes somos y qué hemos hecho. Esta historia, bellamente contada, nos recuerda nuestro triste pasado y renueva nuestra empatía por las víctimas. Mauricio Albarracín – Bogotá.

• El lenguaje del cortometraje animado de Violeta, en este contexto, salió al encuentro de nuestra atrofiada sensibilidad, para sacarnos tanto del pasivo lugar al que nos han entrenado las imágenes fotográficas, como de otro extremo, el del estremecedor pero paralizante lugar que también puede llegar a ser el cara a cara con las víctimas. Alexandra Kram – Bogotá.

• Violeta no nos permite olvidar, hace que Las Amarillas ya no sean ajenas, dejen de ser desconocidas. Las graba a fuego en nuestra memoria y en nuestra lucha por esta. Nos hace ser agentes activos de la búsqueda de la justicia. Nos involucra directamente en la devolución de los colores a esta ya no invisible realidad sin sombra. Denisse Legrand

• Con Violeta se trata de no pasar la página, es una invitación a prestar más atención de lo que ocurre con la realidad de miles de colombianas y colombianos que han vivido en carne propia la guerra, es una interpelación a la indiferencia y al miedo. Y finalmente es una inyección a la memoria y a la importancia de escuchar y de dar voz a las mujeres, puesto que si Violeta no hubiera persistido en la búsqueda de sus hijas, este instante no hubiera existido. Laura Badillo

•Violeta le lleva una ventaja enorme a los lectores de informes y sentencias que generalmente no salen del reducido público legalista involucrado en el tema. Si en todos ellos Violeta pudiera dejar esa semillita de indignación e injusticia que produce su historia, entonces imagínese hasta donde podría llegar para generar consciencia sobre la injusticia e invisibilidad que viven las mujeres colombianas en medio de la guerra. Diana Guarnizo Peralta

•(…) Y me identifiqué con los pobladores indiferentes. Y me pareció conocer a los repartidores de justicia. Y de repente vi en tantos personajes públicos a ‘Gris’: hinchado, lento, hipócrita, sigiloso… Y entendí, antes de que terminara el corto, que el cristal ya no me estaba protegiendo. Que en Violeta se funden todas las caras que fugazmente veía en los noticieros, esas mismas caras que también me topo en las calles. También entendí que la manta que ella teje, que es la memoria de sus hijas y de su tragedia, también es la memoria de la tragedia de Colombia. Y que la mayoría vemos a través de un cristal. ¿Quién quiere dejar de dormir, cuando puede hacerse el de las gafas (gafa=cristal: quien inventó ese dicho, ¿compartiría mi teoría?)? Catalina Uprimny Salazar.

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Esos caminos, esas heridas, esas vidas… por Alekzander Rincón

Publicado 24 agosto, 2010 por Violeta
Categorías: Editoriales -Memoria escrita


Pasamos Violeta en colegio: leo en las caras de los niños la indignación, las fibras han sido tocadas, pequeñas agujas de dolor ajeno llega: hay sensibilización. Qué maravilla, pensé, no olvidamos del todo. Algunos lloran despacio, son sensibles. Otros se incomodan, buscan una vía de escape, ríen, no saben qué hacer… otros han visto demasiado.

Luego de Violeta, del impacto en mis estudiantes, de sentir esos testimonios muy cerca de los 10 años de la Masacre del Salado, por ejemplo, sabiendo que han visto en clases temas como dictaduras, se que Violeta ha sido muy efectiva, que han traído muchos elementos distantes, que las voces, las imágenes, los colores, que el alma recibe mejor esos mensajes que vienen del alma y el corazón adolorido…

Pero también pienso en ellos mismos, en sus dolores profundos, en el contexto de la guerra de nuestro municipio, de las muertes casi diarias, piensos en esos casos particulares, en los testimonios vivos de Violeta en mi colegio: una niña sufre traicionada por su memoria. La huella psíquica de un hombre que dispara otro frente a su casa se niega a marcharse. La atormenta, la hace temblar, perderse… a veces incluso se desvanece en clase.

Ayer quise hablar con una amiga que trabaja en el colegio. Una llamada casual para saludar que no llegó a contestar. Me explica luego: “estaba en la iglesia y de repente escuchamos disparos. Estaban matando afuera a un hombre. Estuvimos adentro mucho tiempo, con miedo, fueron muchos disparos… entonces sonó el celular pero no pude contestar…”.

Uno de mis estudiantes entrega una hoja de evaluación en blanco. “No pude dormir bien, hace una semana mataron a una conocida y la recuerdo mucho. Su muerte fue muy cruel, viene a mi cada noche, tenía solamente 16 años…”

En clase estamos revisando periódicos. Una estudiante me muestra una noticia de un hombre asesinado en un municipio cercano. “Profe, estoy triste, en esta noticia sale mi tío…” la noticia tiene un par de meses pero para ella el recuerdo es fresco.

En este salón una niña perdió a su madre en manos de la violencia del sicariato el año pasado. Soy muy cuidadoso al hablar de la muerte acá… no sé en dónde está sembrada, no sé a quién puedo herir, no sé qué puedo recordar…

A veces quisiéramos gritar, salir, manchar las paredes con mensajes, erradicar la muerte de estas tierras hermosas y verdes, rendir sendos homenajes para que quienes son asesinados no se conviertan en simples números estadísticos, acabar con miradas de admiración a los lujos excesivos y al poder que todo lo consume, devora o silencia. Me resta decir que no tenemos justificación y a veces tampoco tiempo. También que todos llevamos una pequeña mordaza hecha de miedo, de ignorancia o de indiferencia.

Salón de clase, ética, fin de un cine foro. Ante la muerte, digo a mis estudiantes, ante la dolorosa realidad de la muerte y la violencia, he visto que las personas toman tres caminos diferentes, pero solo quiero decirles que uno me parece más fructífero y recomendable.

La primera opción que algunos toman es vivir en la herida. “Amo mi dolor como un hijo malo” escribió Octavio Paz. Vivir en el dolor, del dolor, sembrarse en el dolor y dejar de ser… Es cierto que el dolor te arranca, que la violencia te golpea, pero caer en el dolor y quedarte a vivir en él, hundiéndote cada día en nombre de la desesperación y la soledad, mirando como con la muerte se te van las ganas… a nadie le interesan los mártires sin causas. Y los mártires con causa tampoco. Los que ante la violencia escogen este camino son los que se entristecen por la muerte y se olvidan que a pesar de todo ellos aun están vivos. Son aquellas víctimas que nunca dejan de serlo, que cargan con este sino a perpetuidad sin liberarse y empezar de nuevo. No es que no deba el sujeto reconocerse a sí mismo como víctima y saber que fueron violentados sus derechos o los de sus allegados. Pero reconocerse como víctima en un país como el nuestro, significa adquirir la responsabilidad de querer superar este estadio y trascender el dolor…

En segundo lugar, he visto aquellos que dejan que en su corazón se siembre el rencor. La venganza se convierte en una fruta dulce que se codicia desde lejos. Lo sentí en la imagen de un niño que vio morir a su padre en la entrada de su casa: “solo quiero crecer para matarlos, todos sabemos quienes fueron”. Parece una imagen ingenua sacada de las películas de acción, de los viejos westerns (Como “sin perdón” por ejemplo… o las películas orientales donde la venganza se vuelve un ritual). Este camino de la venganza y del rencor, muy diferente al de la autocompasión y auto abandono, está mas inspirado y legitimado en la sociedad. El día a día, el ojo por ojo, los films de acción donde el héroe hace pagar al villano: hemos olvidado qué es la justicia dentro de un Estado.

Creo que durante décadas nuestro país ha crecido teniendo una visión muy pobre sobre las instituciones de justicia y además ha debido sufrir su ineficacia o corrupción, cuando no su abandono. Mis estudiantes, de los cuales he hablado antes, son prueba de ello: no se percibe que los culpables sean visibilizados, rechazados y castigados, y esto aumenta las heridas.

En fin, creo que no hay nada que cause más violencia y pobreza que una justicia ineficaz, lenta y desvalorizada que permite con su abandono que la justicia privada sea percibida como una práctica legítima. Últimamente, parece que el auge de la justicia por mano propia ha alimentado también los imaginarios que culpabilizan con facilidad a la víctima (¿tendría algo pendiente?). Yo la reproduzco cuando digo: se lo merecía, cuando digo, yo no debo nada.

El tercer camino, que me parece más loable e inspirador, consiste en usar el dolor y la violencia sufrida como motor, como impulso y como causa para reconstruir, sanar y crecer. Lo veo en aquellos que convierten el origen de su sufrimiento en una causa para redimir a sus muertos, en aquellos que dedican su vida a rendir homenaje a aquellos que se han marchado. Hablo de quienes día a día se esfuerzan por dejar atrás el sabor amargo, recordar con lucidez y mejorar este mundo para que quienes se han marchado vean desde lejos y sonrían porque nuestros proyectos de vida se han enriquecido tras su partida (no por su partida), en vez de deformarse, estrangularse o enlodarse.

Lo veo en Violeta, lo veo en aquellos que exigen derechos, que exigen justicia, que reclaman un alto a la muerte, que luchan para que otros no vivan su dolor. Pero no solamente por el camino del activismo se logra esta redención y reinicio. También se puede por una vía más privada, casi secreta: lo he visto en una estudiante que busca mejorar, crecer, hacer las cosas de manera brillante, con sacrificio: “nadie sabe por qué lo hago, pero el motivo es muy profundo. Nadie sabe porque quiero ser siempre mejor, hacer las cosas muy bien…”. Sé que nunca ha sido mala estudiante, también que su padre fue asesinado hace un año… y que nunca se ha dado por vencida. Me gusta este camino, que me parece más cercano al perdón, la acción y la vida.